"Polvo que se va, polvo que no vuelve"
En ocasiones, en muchas ocasiones, algo dentro de mi se mueve. Lo más sórdido de mi ser abraza la tragedia y se funde con ella.
En días así el polvo rodea todo a mi alrededor y, de pronto, todo lo que sé, todos a quienes conozco son eso: polvo.
Puedo oler el polvo, sentirlo entrar por mi nariz hacia los pulmones, lentamente. Puedo ver el polvo, percibirlo cuando rodea mi cuerpo y se asienta en mis manos y brazos formando una capa semigruesa, separándome del exterior.
No me protege ni me evita sufrimientos, sólo se coloca ahí, sólo descansa sobre mi.
Los cargo a todos, lo llevo a cuestas; dormimos juntos, duermen cuando estoy despierta porque no necesitan despertar.
Son mis parásitos. Mis amados y sensibles parásitos.
Los extraño cuando se van. Los maldigo por quedarse.
No puedo, no deseo decidir su marcha o permanencia, sólo quiero mirarlos, sólo quiero sacudirlos a sabiendas que no se irán del todo. Sólo quiero soñar que me necesitan tanto como yo a ustedes.
