Suele suceder, con más frecuencia de lo que uno desearía, estás nuevamente discutiendo con esa persona capaz de generar en ti los sentimientos más oscuros, has gritado, reclamado y demás... justo al borde de la locura algo ocurre, es como una proyección astral y te encuentras a ti mismo observándote.
Es entonces cuando notas lo ridículo de la pelea y lo fatal que luces, recuerdas cuando tus amigos, familiares y/o extraños han estado en una situación semejante y piensas: ¡OH POR DIOS! ¿EN SERIO SOY YO?
Pero, cuando deberías detener tus palabras y aceptar que la discusión no tiene sentido algo se mueve dentro y te niegas a reconocer tu equivocación y aceptar las razones del otro, así que continuas hablando aún sabiendo lo inútil que es...
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