martes, noviembre 24, 2009

Polvo

"Polvo que se va, polvo que no vuelve"
En ocasiones, en muchas ocasiones, algo dentro de mi se mueve. Lo más sórdido de mi ser abraza la tragedia y se funde con ella.
En días así el polvo rodea todo a mi alrededor y, de pronto, todo lo que sé, todos a quienes conozco son eso: polvo.
Puedo oler el polvo, sentirlo entrar por mi nariz hacia los pulmones, lentamente. Puedo ver el polvo, percibirlo cuando rodea mi cuerpo y se asienta en mis manos y brazos formando una capa semigruesa, separándome del exterior.
No me protege ni me evita sufrimientos, sólo se coloca ahí, sólo descansa sobre mi.
Los cargo a todos, lo llevo a cuestas; dormimos juntos, duermen cuando estoy despierta porque no necesitan despertar.
Son mis parásitos. Mis amados y sensibles parásitos.
Los extraño cuando se van. Los maldigo por quedarse.
No puedo, no deseo decidir su marcha o permanencia, sólo quiero mirarlos, sólo quiero sacudirlos a sabiendas que no se irán del todo. Sólo quiero soñar que me necesitan tanto como yo a ustedes.

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